miércoles, 18 de junio de 2014

NEGRO DESTINO DEL NEGRO CARBÓN
 Alma Aparicio Riquelme

Negro destino de un pueblo valiente y sufrido,
negro afán de picota y martillo,
fría pala y negro barreno, negro mineral, negro carbón.
Hombres marcados con negra tinta,
frentes surcadas con negro sudor.
Pueblo tamizado de humo, niños pintados de gris
alimentados a media tripa, esclavos del hambre y del miedo.
Los negros ángeles del túnel
asaltaban la corrida en Puerto Nuevo,
pequeñitas manos negras recogían la comida
convertida en negras piedras.
Mujeres de ojos tristes y cansados,
labios de tímida sonrisa, rostros cubiertos de desdicha
maltratados por la vida,
agredidos en su hogar. Sin embargo,
fueron siempre camarás de sus maridos
nobles, luchadoras y aguerridas.
Ellas, en lavaderos tétricos y fríos,
como el mismo cemento de los nichos,
lavaban ropa con paleta de rústica madera,
tendían en largas cordeladas,
volaban al viento en juguetonas
y coquetas volteretas como alegres mariposas.
En guirnaldas de múltiples colores,
la ropa tendida, adornaba el pueblo gris.
Crecían niños con poca infancia,
eran pequeños con alma de minero,
afanosos de explotar la veta negra.
Heredaban el carbón como el padre y el abuelo
y de ellos aprendieron el lenguaje, las señales
y el verdadero sentimiento de llamarse compañeros.
Muchachitos levantando la picota con esfuerzo
comenzaron la faena, conocieron el grisú,
quedaron sus pupilas prisioneras del filón.
La jaula trasladaba sus negras penas
a la profundidad del negro  mineral
atada con cadenas de negro eslabón
llevaba a los hombres  bajo el fondo del mar.
Negro dolor del minero, negra la mano artera y cochina
que cerró el negro candado de la negra puerta de la mina.
Negra pena en el alma, negra nostalgia en el pecho,
negro es el llanto que brota, llanto en el rostro deshecho.
La esposa, tolerante mujer minera
ya no prepara el manche, ni la chupilca mañanera,
ni el agua de machitunes, ni el refrescante harinao
que iba brincando en la charra. Limpiaría gargantas
en el tenaz laboreo.
Las luciérnagas de los cascos
todas están apagadas como la voz de los hombres
que cantaban, como chicharras, viejas canciones de amor
o de tragedias mariachis o tangos arrabaleros
o las baladas de moda silbaban,
para olvidar la miseria como gorriones trinaban.
Los jóvenes de la zona ya no serán mineros,
 divisan otro horizonte
más negro que el legendario carbón.
Lejos está quedando el negro mineral
donde hombres valientes dejaban
gotas de sangre y sudor.
El grisú, con negra tinta, marcó sus nombres
volviólos discriminados llamándolos conflictivos,
sus alas son mutiladas por ser de zona minera
por amar el negro color.
No va quedándoles nada, todo se les va yendo.
Recogiéndose va la mar, deshaciéndose van las rocas
y las esperanzas mueren y mueren los sueños del alma.
Se va perdiendo su tradición, Lota se va durmiendo.
Reminiscencia son los martillos
que han silenciado su nota.
Las cocinas a carbón cubiertas de mariscos
se mostraban dadivosas.
Hoy están frías, como muertas, olvidadas acabaron su misión.
El economato, el canje, el casino,
la casa de solteros, con saña, censuraron.
Bajo el poder de la negra mano perecieron.
Ya no quedan lavaderos, ni baños colectivos
ni los hornos que cocían pan minero.
Pabellones…decapitados a montones,
sólo se alzan unos pocos, conservando su estructura
se resisten al embate, a morir en el olvido.
¿Serán estos retocados, mostrados a turistas,
conservados como testimonio de cultura?
¡Monumento nacional, inspiración para el artista!
…En Lota, sólo queda la leyenda
grabada con roja sangre, escrita con negra tinta
recordada con dolor.
Vivencias hechas historias gestadas en el fondo de la mina
paridas en la veta del carbón.
El hombre compartiendo el pan con el ratón,
los encuentros con el mismísimo demonio.
Va quedando guardado el testimonio
como se guarda, en la mente, el amor primero
engarzado al corazón vibrante de los amados hombres mineros.
¡A punta de memoria, de lápiz y papel
habrá que recorrer, con paciencia, los senderos,
 hacer historias florecer como lo hizo Baldomero.
De las cenizas del oro negro
renacerá la esperanza, parirá nueva ilusión;
de negra teta y negro pezón negra leche manará,
se abrirá una negra veta ¡No morirá el negro carbón!



HOMENAJE A LOTA
Alma Aparicio Riquelme

Bienamado trozo de patria
hoy he vuelto a saludarte.
Fuiste mi hogar de otro tiempo
¿Cómo podría no amarte?
Me acarició tu brisa,
me bañó tu suave mar,
me acogió tu gente sencilla
brindándome calor.
Tantas veces recorrí tus plazas,
tus calles, tus cerros y pirquenes.
Amé a tus hijos,
hombres mineros de almas sencillas.
Ellos también fueron mis hijos
al llamarme, con respeto, “mamita”.
¿Cómo no amar a esos hombres?
si estas manos suturaron sus heridas
provocadas por los “premios”
(esquirlas del carbón), que con saña
dañaban esos cuerpos.
Mineros, con sus charras terciadas,
con casco en su cabeza y en la mano su farol,
arañaban las entrañas profundas bajo el mar
para ganar el pan
con grisú, con sangre y con sudor.
¡Lota, cómo no amarte, si mi padre fue tu hijo
fue, a toda honra, minero del carbón!
Pique Grande, Fundición, Pique Alberto,
Pique Carlos y El Chiflón
hoy duermen como parte de su historia.
¡Nombres imborrables
que vivirán por siempre en la memoria
de su pueblo, de sus hombres,
de sus niños y mujeres.
Nombres escritos con letras de oro
en Subterra y en Subsole,
plasmados en los libros, con esmero,
por su hijo ilustre llamado Baldomero.
Lota, tierra de ensueños.
Playas de blancas arenas y aguas esmeraldas.
Un ángel pintó el cielo de azul
y sus  bosques de verde.
Pueblo que parió hijos valientes y bravíos,
parió historia, cuento y poesía.
Parió mujeres luchadoras y sufridas
que cantando hornean pan, cosen, lavan
o simplemente chinchorrean.
Son leonas defendiendo a sus cachorros.
Impacientes cuando esperan al esposo,
y celosas de la mina
“la amante, traicionera, de sus hombres”.
Lota, musa de poetas,
dormitas, con tristeza, bajo el gris del cielo
y el bullicioso canto de gaviotas.
¡Sueña suave, sueña lindo!
¡no dejes de soñar!
¡Vive, mientras seas acunada por estrellas

y arrullada por la música del mar!